Personas en transición: el motor del cambio

 

Os dejamos una reflexión de Rocío Mª Lorenzo Manjón sobre desarrollo y progreso.

Muchos son los adelantos conseguidos cuando ciencia y tecnología han ido de la mano. Gracias a estas dos áreas de conocimiento se han logrado grandes desarrollos para la población humana y una multitud de avances que han traído además un crecimiento asociado (de la economía, de la población, de la propia tecnología…) Pero, ¿todos estos desarrollos son positivos?

Si ciertos progresos científico-tecnológicos llegaron para facilitar la vida, cabe pensar que otros lo hicieron para perjudicarla, como ocurrió por ejemplo con la bomba atómica. Y si nos centramos en los impactos sociales y medioambientales, nos daremos cuenta de que muchos de esos avances han sido beneficiosos sólo para una parte de la población y se han logrado a costa de provocar daños difícilmente reparables en el medio.

Por tanto, podemos afirmar que no todo desarrollo conlleva progreso y no todo crecimiento genera riqueza. En palabras del británico Rob Hopkins, fundador del movimiento “Transition Towns”: “Nos hemos convertido en la generación más inútil que jamás haya pisado el planeta. Fuimos educados para vivir en un mundo que desaparecerá muy pronto”.

No estamos adecuadamente educados ni preparados para un escenario de colapso socioambiental e inestabilidad económica en el que vivir las consecuencias del cambio climático y de una crisis energética al haber superado los picos de producción y  consumo de petróleo. Por tanto, ¿qué hacer para afrontar el futuro?

A pesar de lo que algunos defienden, el crecimiento económico “per se” no es la solución, ya que no se puede crecer de forma ilimitada en un planeta con recursos y sumideros naturales limitados. No podemos continuar con el “crecer por crecer” sin chocarnos con los límites del propio crecimiento y sin ver sus consecuencias negativas.

Pero podemos hacer que los tiempos de crisis que vivimos en la actualidad sean momentos de oportunidad, que la era post-petróleo no suponga una amenaza. Y es que sabiendo gestionar bien los conflictos, podremos llegar a reinventar el sistema y crear un lugar mucho mejor para vivir, con sociedades alternativas más justas, más democráticas, más conectadas con el medio ambiente y más felices, donde seamos verdaderamente prósperos y resistentes al cambio climático y con bajas emisiones de carbono para atenuarlo.

Por todo esto, parece absurdo no plantearse un cambio en el modelo vigente de producción y consumo, de sociedad y de vida. Una modificación que vaya desde nuestra manera de trabajar, transportarnos, alimentarnos, educarnos… hasta el modo de entender los hogares y la comunidad. Donde haya mayor autosuficiencia e interacción con la comunidad local y donde lo colectivo prime a lo individual.

Desde hace bastantes años están funcionando iniciativas transformadoras que proyectan conseguir un futuro con menor demanda energética y mayor resiliencia local al cambio climático, como por ejemplo las “Transition Towns”. Pero también hay otras como las “Ecoaldeas”, los “Mercados Sociales”, los “Huertos Comunitarios”, etc.

La idea de las “Transition Towns” o “Ciudades en transición”, de Rob Hopkins, surgió en 2006 en Totnes, su pueblo natal al sur de Inglaterra, ante la necesidad de transitar hacia comunidades sostenibles que no dependan del petróleo, desarrollando una serie de adaptaciones en las áreas de energía, economía, agricultura, educación y salud.

A esta propuesta se fueron uniendo otros pueblos y ciudades del mundo, creando un movimiento y una red global con más de 1000 proyectos de participación. Además, el “Movimiento de la Transición” recibió en 2012 el primer premio de la Unión Europea a las Iniciativas de la Sociedad Civil para la Sostenibilidad.

Este movimiento participativo, comunitario, apolítico y pragmático crea resistencia colectiva mediante un modelo alternativo de vida y además consigue empoderamiento social: las personas deciden por sí mismas y recuperan las habilidades para la vida y la autosuficiencia, siendo capaces como en su día dijo Mahatma Gandhi, de “vivir más sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir”.

Pero un aspecto esencial de las iniciativas de transición es que detrás de ellas, o mejor dicho, promoviéndolas y sosteniéndolas, lo que hay son “Personas en Transición” que quieren cambiar el estado actual de las cosas y que se esfuerzan para conseguirlo. Defienden que para conseguir esta transición exterior se debe iniciar también una transformación interna vinculada a nuestra parte más emocional y psicológica, una metamorfosis interior que con esperanza y optimismo nos genere un nuevo modo de entender la vida, donde seamos más conscientes de nuestro ser y del entorno y en la que estemos más equilibrados por dentro y por fuera.

Somos seres racionales pero también emocionales, por lo que no solo es necesario poner todos los conocimientos a favor del cambio, igualmente hay que agrupar el corazón y el alma en el camino de la transición.

Las personas que hayan vivido este tipo de procesos con el que toman el control de sus decisiones y acciones, así como de sus emociones, serán las únicas capaces de dirigir su vida y de afrontar los desafíos del futuro con el enfoque de la transición.

Sólo así podremos progresar realmente, evolucionar de manera positiva hacia la creación de un futuro más local, más humano y por supuesto mucho más enriquecedor. En palabras de Rob Hopkins “tenemos por delante la oportunidad histórica de crear algo maravilloso”, ¿realmente estamos dispuestos a desaprovecharla?

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