Cambio climático y anfibios, una relación complicada

Por Daniel Pinchete Nebreda

fotoEn los últimos siglos estamos viviendo una serie de crisis ambientales que están afectando tanto al entorno como a nosotros mismos. Desde la revolución industrial las partículas en la atmósfera, que cada vez están en mayores concentraciones, están elevando las temperaturas y alterando el clima global, los recursos disminuyendo a una gran velocidad, estamos presenciando una de las peores extinciones… La mayor parte de las causas de la desaparición de especies se deben a la destrucción y/o alteración de los hábitats, agravada en un contexto de cambio climático y éste a su vez compromete la distribución de las especies, su comportamiento, las relaciones con otras e incluso su salud.

Ante esta situación las especies pueden o adaptarse o migrar. El problema radica cuando o el cambio es demasiado rápido como para adaptarse o que no haya dónde desplazarse. Las características especiales de los anfibios: su ciclo vital complejo que alterna fase acuática-terrestre y su piel permeable les hacen especialmente sensibles a las alteraciones del medio. Tanto es así, que son uno de los grupos faunísticos terrestres que más rápido está desapareciendo, donde el 32% de la especies está amenazada y hasta 200 podrían haberse extinguido. Pero, ¿cómo afecta el cambio climático a los anfibios?

Debido a que los anfibios son ectotermos y a su dependencia del medio acuático, hacen que temperatura y precipitación regulen su ciclo vital y son estas variables las que marcan la distribución y a la abundancia de las poblaciones. En el marco del cambio climático se esperan que asciendan en altitud a zonas más frescas y húmedas. Este efecto se ha constatado en Peñalara donde el aumento de la aparición de rana común podría estar vinculada al cambio climático. También se espera, en general todas las especies, se muevan hacia latitudes más norteñas. Este efecto se ha proyectado en un estudio del 2011 para España donde, como resultado, se espera una fuerte contracción de la distribución potencial desde el Sur-Sudeste al Norte-Noroeste, que en el caso de los anfibios la reducción podría alcanzar entre el 31% y el 59% para 2041-2070, obligando al 78-90% de los anfibios a realizar importantes migraciones, puesto que el solapamiento entre distribución actual y la proyectada menor al 70%.

La otra opción que se les plantea es adaptarse al nuevo clima que está por llegar, modificando, por ejemplo, su fenología reproductiva, con consecuencias tanto positivas, como negativas. Por ejemplo: adelantar el momento de la puesta proveería de más tiempo para el desarrollo larvario y reduciría la exposición a la radiación UV, pero aumentaría el riesgo de exposición a temperaturas extremas, como heladas tardías o desecaciones de las charcas. Estos adelantamientos, en comparación con especies que no hayan alterado sus ciclos, provoca desajustes en las relaciones tróficas o uso del medio. Un ejemplo está ocurriendo en Bretaña donde las ranas, que apenas han alterado su fenología reproductora, se encuentran con que los tritones, que la han adelantado hasta 7 semanas, provocando que las larvas de rana estén más expuestas a la depredación por parte de los tritones.

Por tanto, se está viendo que el cambio climático afecta a todas las especies, pero unas se ven favorecidas en cierta manera, en detrimento de otras, que por ejemplo, verían su salud afectada al mejorar las condiciones de desarrollo de ciertos patógenos. Científicos han podido estudiar en laboratorio cómo aumentaba la mortalidad de los embriones de anfibios expuestos a radiaciones UV en aguas poco profundas, donde, además, las infecciones por Saprolegnia ferax eran del 50%, en comparación con embriones de charcas de aguas más profundas. En el campo, se prevé que una reducción de la profundidad de las charcas,  causada por la alteración de los regímenes de precipitación, y el aumento de la incidencia de radiación UV por la disminución de la capa de ozono y de la nubosidad, que afectaría también al sistema inmune de los anfibios, podría afectar a las poblaciones de anfibios.

Siguiendo esta línea, la elevada cantidad de casos de quitriomicosis, una enfermedad emergente en anfibios causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatitis, podría estar motivada por el cambio climático ya que las condiciones óptimas para su desarrollo se ven favorecidas y se reducen las condiciones que lo inhiben. Este efecto se estudió en Peñalara, lugar donde ocurrió el primer caso de quitriomicosis en Europa en 1997, haciendo una comparación de las condiciones ambientales antes y después del incidente. Se pudo ver que el número de días calurosos había aumentado y los días de temperaturas poco favorables para el hongo no habían variado significativamente, de modo que estos ambientes antes demasiado fríos para desarrollo del hongo resulten ahora ideales para él.

Numerosos autores proponen como posibles medidas para solucionar de la desaparición de los anfibios a gran escala medidas que aumenten la movilidad, protección legislativa y medidas de conservación in situ y ex situ para la gran mayoría de las especies peninsulares. A nivel local, medidas como la creación de refugios y crear distintas condiciones, mejorar y restaurar las zonas de puesta y controlar los niveles de agua, podrían ayudar a la conservación de los anfibios y reduciría los efectos del cambio climático sobre ellos.

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