Los refugiados invisibles del cambio climático

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Por nuestra compañera de Internacional Serlinda Vigara:

Existe una construcción social y legal contra la que debemos luchar que nos recuerda a aquella epidemia que asoló Macondo en Cien años de Soledad. “El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita”. Los habitantes de aquella ciudad se dieron cuenta de que lo que no se dice deja de existir. Lo mismo pasa con los refugiados ambientales. A la espera de que el término se oficialice, es nuestro deber nombrarlos una y otra vez para hacerlos visibles.

Existen términos de uso común para definir algunas de las realidades migratorias contemporáneas. Sabemos, por ejemplo, que los refugiados y los desplazados son víctimas de fuerzas superiores como las guerras, siendo este el factor detonante y visible. Estas personas parecen ser víctimas de un movimiento incontrolable de violencia y caos cuya responsabilidad directa recae sobre el clima político-social de la zona. Si realizamos un ejercicio más profundo y raspamos la corteza superficial del conflicto encontramos en muchas ocasiones que el origen de estos flujos migratorios comienza con apropiaciones de tierras y recursos naturales, desertificación, contaminación o sequía.

Saskia Sassem, socióloga experta en globalización y migración y galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales en el 2013, en su última entrevista para eldiario.es sintetizó esta realidad: “Estos flujos bien pueden ser los inicios de nuevas historias y geografías hechas por hombres, mujeres y niños en la huida desesperada de condiciones insostenibles. Para ellos no hay hogar al que volver, su hogar se ha convertido en una plantación, en una zona de guerra, una ciudad privada, en un desierto o en una llanura inundada.” Si esto es así, ¿por qué no utilizamos palabras que definan estas migraciones?

El concepto de “refugiado ambiental” fue introducido en 1985 en un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) elaborado por Essam El- Hinnawi, profesor del Egyptian National Research Centre. Según el informe, los refugiados ambientales se definen como “aquellos individuos que se han visto forzados a dejar su hábitat tradicional, de forma temporal o permanente, debido a un marcado trastorno ambiental, ya sea a causa de peligros naturales y/o provocado por la actividad humana, como accidentes industriales o que han provocado su desplazamiento permanente por grandes proyectos económicos de desarrollo, o que se han visto obligados a emigrar por el mal procesamiento y depósito de residuos tóxicos, poniendo en peligro su existencia y/o afectando seriamente su calidad de vida”.

La definición del PNUMA sólo puso de manifiesto una pequeña parte del problema que al menos servía para sentar la bases de una realidad existente pero sin nombrar. Lamentablemente, poco se ha avanzado desde aquellos años. La regulación y popularización del término “refugiado ambiental” resulta hoy más vital que nunca. En este aspecto, para especialistas en Derecho como la Doctora Susana Borràs Pentinant el reconocimiento jurídico “permitiría establecer qué queremos decir cuando nos referimos a los refugiados ambientales, para poder hacer frente a un problema de dimensiones cada vez más importantes”. Estableciendo una bases terminológicas y legislativas claras y definidas asentamos las bases para mostrar una realidad invisible, llena de eufemismos, donde lo ambiental siempre queda por detrás de lo económico y lo político, como si fueran realidades fragmentadas y no una cadena de consecuencias indivisibles.

Los recursos se agotan alrededor del globo terráqueo y cada vez serán más personas las que no contarán con necesidades mínimas cubiertas para asegurar su supervivencia. En este contexto es evidente que las líneas entre conceptos como “refugiados” y “migrantes” se harán cada vez más difusas. Sociólogos como Harald Wekzer manifiestan la difícil tarea de “distinguir razonablemente entre los refugiados climáticos y los refugiados de guerra, porque las nuevas guerras están condicionadas por el clima”. Nosotros/as queremos destacar esa realidad llamándola por su nombre. Porque lo que no se nombra parece no existir. Con el reconocimiento del término “refugiado ambiental” contribuiremos a hacer frente a las causas del deterioro ambiental. ¿Se mencionará este problema en la COP 21?

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Un pensamiento en “Los refugiados invisibles del cambio climático

  1. Pingback: ¿Quién es refugiado climático? | Blog de Ecologistas en Acción sobre la conferencia del clima COP21/CMP11

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