Cada vez más cerca de consolidar un instrumento ineficaz

Ningún avance en el nuevo borrador del acuerdo de París

Hoy, 19 de octubre, comenzó en Bonn la última ronda de negociaciones previa a la cumbre de París. El pasado día 5, los copresidentes presentaron un nuevo texto que será discutido por los negociadores oficiales de los países para concluir con un borrador del acuerdo que será negociado en París. A pesar de las numerosas nuevas versiones que el texto del acuerdo ha tenido durante el último año, estamos muy lejos aún de tener un texto que sea efectivo para la lucha contra el cambio climático.

Tras el fracaso de Copenhague, cuando la Convención marco de las Naciones Unidas para el cambio climático fue incapaz de lograr un acuerdo que sustituya al Protocolo de Kioto, se optó por cambiar el punto de vista e iniciar un nuevo proceso negociador basado en compromisos voluntarios de reducción y no de compromisos acordes con las evidencias científicas capaces de marcar un auténtico camino de reducción para no sobrepasar los 2ºC de límite de la temperatura global acordado en Durban, marcando el inicio de un acuerdo posiblemente ineficaz.

A pesar de que en el artículo 2 del nuevo borrador presentado se hable del objetivo de 2ºC, no hay ningún acuerdo sobre qué mecanismos se utilizarán para que los compromisos presentados por los países se ajusten a ese objetivo. La comunidad científica ya ha advertido de que, de no realizar compromisos adicionales, nos acercamos a como mínimo un calentamiento global entre 3,7 y 4,8ºC a finales de siglo.

Por ello y con el objetivo de que estos compromisos se incrementen se intenta parchear esta falta de ambición mediante la revisión de los compromisos en periodos de 5 años, que muy poco tiene que ver con la necesidad de una toma urgente de medidas que reconoce el propio texto. Además vemos cómo ni tan siquiera quedan aún definidos los objetivos generales, manteniéndose hasta seis opciones diferentes sobre la fecha y la forma de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Tampoco queda claro si los propios objetivos presentados por los países tendrán categoría de compromisos, contribuciones u otros.

Muchas de las decisiones y puntos fundamentales del texto siguen entre corchetes, es decir, todavía no hay un acuerdo claro entre los negociadores de los países, a pesar de las diferentes versiones del texto y de los numerosos encuentros durante este año, lo que significa que muchos serán los acuerdos a alcanzar durante esta semana o bien en la cumbre de París. Esta necesidad de acuerdos a menos de dos meses del texto definitivo nos hace temer que, como ha ocurrido en numerosas cumbres, al final las palabras no se traduzcan en actos y se siga perpetuando el modelo del “business as usual”, es decir que todo siga igual. De hecho las partes en las que parece existir un mayor acuerdo son precisamente en la consolidación de los mercados de carbono y las falsas soluciones frente al cambio climático como forma de que muchos países puedan eludir sus responsabilidades ante un necesario cambio de modelo.

A lo largo de esta semana (la cumbre concluye el viernes 23) estaremos muy atentos a las decisiones que saldrán de Bonn, pero debemos recordar a los negociadores el gran reto que supone el cambio climático y las enormes consecuencias que está teniendo y tendrá para numerosas comunidades. Necesitamos de forma urgente un acuerdo capaz de garantizar una senda de reducción lo suficientemente ambiciosa como para que el 80% de las reservas fósiles se queden sin explotar, además de poner los instrumentos necesarios para la adaptación al cambio climático, en especial para el Sur global, que es quien con más intensidad sufrirá las consecuencias. Los negociadores internacionales no sólo son responsables de dar una auténtica solución a las demandas sociales, sino que, de no hacerlo, serán responsables del deterioro ambiental que sufriremos en las próximas décadas.

Frente al cambio climático es necesario un cambio de modelo. Es la única salida a la senda de colapso ambiental al que nos dirigimos. Un nuevo modelo basado en un horizonte energético 100% renovable en 2050, en la desaparición de las largas cadenas de transporte y en la puesta en valor del medio natural frente a un modelo mercantilista. 

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